Posteado por: mushky | 9 agosto 2014

Esperando a los bárbaros

Esa tarde primaveral con una suave brisa que acariciaba nuestras mejillas , abuelo y yo compartíamos ese disfrutable tiempo de sobremesa , al borde del río en que estabamos instalados durante aquel largo fin de semana

El resto habian optado por dormitar bajo la sombra del arbol de amplia copa , y solo nos habíamos quedado en la conversación

Con mis catorce años de aquellos días , escuchaba con una suerte de fascinación los relatos y vivencias que emergían desde el camino de vida y sabíduria incorporada

– En aquel poema Kavafis , describía con meridiana claridad , de que manera a lo largo de los siglos nos hemos valido de la fantasía de los monstruos, inminentes peligros , y otros fantasmas para ser usados solo con el fin de liberarnos de culpas, endosarles problemas propios, distraer a la opinión publica , mi querida Marlene

– Y cuando hablaba de eso Kavafis, abuelo ?

– En las primeras decadas del siglo pasado . En aquel ya célebre poema , ” Esperando a los barbaros” , el es bien elocuente al describir como los miedos e incertidumbres terminan siendo funcionales a postergar la acción, a desvalorizar el presente y a encontrar una buena coartada para evitar vivir en forma plena

Presta atencion Marlene , de que manera concluía aquellos versos

— “¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.”

Es así , Marlene, en tiempos de convulsión, turbulencia y perdida de muchas coordenadas, tendemos con suma facilidad a buscar bárbaros que nos sean útiles y funcionalmente operativos para lidiar con las aguas tormentosas que nos toca enfrentar en el devenir de nuestras vidas

Deje al abuelo en su reflexión serena con su habitual mirada perdida en el horizonte y corrí hacia el río sin imaginar con que frecuencia volverían sus palabras al recuerdo a lo largo de estos años que transcurrieron desde aquella tarde

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